domingo, 20 de mayo de 2018

El banquete


Durante un mes podemos encontrar esta genial obra en la programación del teatro de la comedia.

      Una obra hilada a través de los textos más emblemáticos del teatro, perfectamente hilados, nuevamente, de la mano de Álvaro Tato y dirigida por Helena Pimenta y Catherine Marnas.

      Lo canónico de sus textos se entrelaza con una puesta en escena completamente  moderna en la que el público vive la obra en el mismo espacio que sus personajes y brinda con cada propuesta que hacen sus anfitriones.

      No quiero desvelar nada más pues creo que si eres amante de los mejores dramaturgos de la historia (sí, toda la historia), disfrutarás con cada escena.

jueves, 1 de marzo de 2018

Una comedia Aquilana

Hace mucho que no veía una obra clásica tan poco conocida como esta. Y ha sido una verdadera pena la dirección tan lamentable con la que la han montado.

      Es de las pocas veces que te ríes más leyendo el texto que viéndolo en escena.

      Esta es una comedia muy ágil y ligera, bastante cortita que se hizo eterna.

      Pero como decidieron recrear el habla del siglo xvi sin saber cómo ni tener ni idea de cuáles eran los sonidos que se mantenían, sólo supieron pronunciar cada s y cada c/z como si fueran ch. ¡Espantoso! Fue absolutamente imposible concentrarse en un texto que parecía traducido a lo que se suele llamar habla de payaso.

      Por favor, si nos sabes pronunciar algo de hace 5 siglos, ¡no pasa nada!, simplemente no lo hagas. Y si quieres hacerlo ¡investiga! Pista: revolución de las sibilantes (manías filológicas).

      Otro fallo importante fue la mala o nula transición entre personajes que hacían los mismos actores, esto se marcaba sólo cambiando una corona por un frutero y un vestido más amplio. Trajes, todos, exactamente iguales (misma tela, obvio) que el telón de fondo que usaron.

      En fin, un desastre absoluto. De ahí, la importancia de mirar quién versiona y dirige, nombre apuntado. Nunca más. 

lunes, 19 de febrero de 2018

Relatos muertos


Relatos muertos debe tener este título porque no hay quien sobreviva a semejante horror.
Siempre me gusta tener en cuenta que no todo el mundo es García Márquez, ni Borges, pero que se han esforzado por escribir una historia con ilusión y atención a su lector, pero este libro es una auténtica estafa. Se nota a la legua que son ejercicios (mal hechos) de un curso o taller de escritura creativa.

      Ni uno solo de los personajes es coherente consigo mismo (¡ojo! No digo coherente con la realidad, sino con la construcción inicial que se hace de ellos. Obviamente porque no hay construcción inicial ni final).

      El autor lleva el pacto de complicidad del lector hasta límites más allá de lo respetuoso, no sabe manejar la elipsis ni la fragmentariedad.

      Los personajes femeninos están construidos sobre una base de misoginia que ni toda una vida de psicólogos puede curar.

      En fin, un desastre absoluto que no sólo no ha pasado una revisión, sino que no ha escuchado ningún tipo de consejo que le ayude a escribir medianamente bien, es decir, que al menos no cambie el tiempo verbal en la misma frase.

jueves, 8 de febrero de 2018

Donde los viejos robles



Estamos ante una novela a la que le falta bastante trabajo de revisión, la premisa es buena e interesante, pero cae en obviedades y lugares comunes harto conocidos en mitología y fantasía.

      Se lee con rapidez y curiosidad y la ambientación logra transportarte al universo romano, sin embargo, el universo celta queda cojo. Nada que no pueda solucionar el propio autor con la guía de un editor o lector experto, por lo que estoy esperando ver lo que puede hacer este escritor con las facilidades que se le ceden a otros escritores más conocidos.

      También me ha llamado la atención que no haya una corrección previa, ni revisión de maqueta, algo que se espera de Random House aunque sea un sello de autopublicación. Una verdadera lástima, ya que esto perjudica a la lectura de la historia.

      Es muy interesante la propuesta con ilustraciones que captan el tono de la narración y la imagen de la cubierta es llamativa, quizá para esta historia sería mejor que fuera a color.



Donde los viejos robles, firmada por Jorge de Juan Miñana y publicado en Caligrama Ediciones en papel y digital

lunes, 29 de enero de 2018

Crimen y telón



Este fin de semana he tenido la oportunidad de ir a ver Crimen y Telón de Ron Lalá. Ha sido un grato placer poder asistir a este original (en todos y los mejores sentidos).

      Una obra escrita por el grupo que no tiene ni un segundo desperdicio. Desde el principio asistimos a un nuevo teatro cargado de ciencia ficción y teatro clásico que no te permite distraerte ni un segundo.

      La puesta en escena es sencilla y fulminante y los focos de atención arrastran al espectador más desconfiado, consiguiendo que realmente no veas cuándo desaparece el cadáver.

      Si amas la poesía no podrás salir indiferente y no declararte verosadicta.
      
      Desde el texto, las actuaciones y cada técnico puedes presenciar del trabajo medido.

      Esta obra se construye bajo la premisa de que en el futuro las artes están prohibidas, pero teatro aún no ha sido capturado, hasta que ¡oh, sorpresa! Aparece su cadáver y el protagonista debe buscar al asesino, lo que le llevará en un viaje de flashbacks en los que vemos el inicio y evolución de teatro. Incluyendo el vocabulario técnico que suele desconocerse, lo que la hace una obra magnífica para llevar a curiosos y adolescentes que están en pleno estudio de Educación Literaria (sí, ahora lo llaman así).

      Al estar en primera fila tuve la oportunidad de ver cuidadosamente las expresiones de los actores que entraron concentrados y terminaron sin perder la concentración ni un segundo, algo que últimamente no sucede. Normalmente se nota que los actores entran en frío y hay veces que pierden el hilo. Ron Lalá, no. Ellos entraron en el punto álgido y no lo soltaron hasta que llegaron los aplausos. Algo que beneficia sin duda a un espectáculo como el que presentan cargado de literatura, poesía, citas y ¡música! Sí, también hay música en directo y gags que han podido hacer que algunos los comparen con Les Luthiers, grupo del que me declaro fan desde la infancia, pero Ron Lalá no los imitan, crean su propio concepto de teatro que comienza con los programas de mano y terminan con la compra (opcional, claro) del libreto en el que puedes encontrar el final de esta obra metateatral.

      Definitivamente son un grupo al que seguir de cerca desde el entretenimiento y el intelecto. Apto para todos los públicos con una dosis de despiertaneuronas y crítica social intachable.

Sí, yo también me declaro versoadicta.

viernes, 26 de enero de 2018

Cicatrices



Ángel Zero nos regala en este poemario las pequeñas cicatrices que conforman la gran herida.
Cada poema tiene su propia duración, algunas cosas no deben ser desarrolladas y Zero no se fuerza, lo que hace del poemario una experiencia cercana a las cicatrices.

Los poemas son puro siglo xxi, no puedes no encontrar referentes de la poesía de los 80 en un poeta actual. La crudeza del lenguaje se utiliza en la creación de nuevas imágenes que todos compartimos en nuestro imaginario común lleno de una ficción palpable y real que no se llena más que de abandono y arrepentimiento que no logra el cambio del herido. 

Nuestra poesía se escribe por guerreros que perdieron en la batalla que ganaron, aquella en la que se negaron a dar lo que quisieron y se quedaron consigo mismos.

Sin duda, Cicatrices es un poemario actual cargado de cotidianeidad, metáfora y dolor. ¿Habrá redención?


lunes, 20 de noviembre de 2017

La dama duende





La semana pasada tuve la suerte de poder ir al Teatro de la Comedia a ver La dama duende de Calderón de la Barca en un maravilloso montaje de La Compañía Nacional de Teatro.

      Pude verles este verano en el festival de Almagro representando El perro del hortelano y, como aquella vez, ha sido una verdadera muestra de buen teatro.

      Las actuaciones fueron impecables, llevando al público la esencia de la obra a través de la comedia con la que está escrita.

      Los diálogos no son un mero recitar, sino que los personajes se escuchan y responden con su complicado verso sin que se vea a ningún actor sufriendo por lo estático de una obra rimada, siempre más difícil de improvisar si alguien se equivoca. Y desde luego si se equivocaron en algún momento, nadie lo notó.

      La escenografía es un maravilloso juego de tramoya, tristemente perdido en el teatro actual, probablemente por escasez de dinero, un punto que (sin grandes cifras) no sufre la Compañía 
Nacional.

      Y la adaptación de Álvaro Tato, de la mano del montaje de Helena Pimenta, es tan discreta y está tan bien articulada que apenas se nota su paso por el texto, lo cual, siempre se agradece en los montajes actuales del teatro clásico. Una ya va al teatro temiendo montajes pseudoactulizados y terriblemente mal adaptados de los grandes clásicos.


      No estaba mucho tiempo en cartel, pero si podéis verla, no lo dudéis, vale cada céntimo que cuesta la entrada. Mi más sincero agradecimiento a la compañía por regalarnos una actuación espectacular.