miércoles, 6 de junio de 2018

La tragedia del girasol




Tenemos entre nuestras manos la segunda entrega de un posible saga con Bianquetti como protagonista, en este título como inspector suspendido de empleo y sueldo que llena su tiempo ejerciendo como detective.

      Aunque exista una aventura anterior, este libro puede leerse de manera independiente y es en esta opción en la que nos encontramos. Efectivamente, no hace falta saber qué le ocurrió antes a Bianquetti, aunque desde el principio te hueles que no es el primer título, lo que te lleva a buscar información y confirmar tus sospechas. Quizá, si hubiera leído el libro anterior mi opinión sería más benévola, pues las tres primeras páginas están llenas de tópicos del género. Como hemos dicho inspector suspendido (¡oh, qué novedad!), charlando con una prostituta de manera nada amable (es por un caso, claro). Continúas y aparece el personaje nunca descrito en este género. Un excompañero, más joven, más guapo y que sí mantiene su puesto de trabajo, le ofrece al protagonista un caso nada apetecible: ser el guardaespaldas (o niñera, según Bianquetti) de un pez gordo en la sociedad española.

      Lo que a priori es una bobada de caso, inexplicablemente, se convierte en una serie de muertes, pelea y violencias varias que es lo que pide su planteamiento.

Lo mejor del libro (para mí) reside en el estilo y el ritmo del autor, pues reconozco que me alejó mucho de la historia un planteamiento tan reconocible. Lo cual, creo que no le resta valor al libro, pues la originalidad se encuentra en lo más difícil del proceso de escritura.
Si me planteo a qué tipo de lector le recomendaría este libro, partiría de gente que guste novelas redondas, con final en el episodio, pero posible continuación en la historia del personaje, y que disfruten del escritor en sí. También es un prototipo de novela negra (un poco más policíaca que negra, lo cual beneficia claramente a la historia).

      Un acierto para todos los que buscan quedarse atrapados en un libro.


La tragedia del girasol, escrita por Benito Olmo y publicada por Suma de Letras en papel y digital

lunes, 28 de mayo de 2018

El burlador de Sevilla




Esta vez llego con esta adaptación de El burlador de Sevilla.

      La propuesta que realizan modernizando la obra con los trajes que progresivamente llegan al siglo xx, sin deshacer el texto, es digna de ver. Al principio fui reacia ante tanta mezcla de estilos pues me confundía ver zapatos totalmente actuales con un traje encorsetado. O adivinar unos vaqueros con botas de caballero, sin embargo, el vestuario rápidamente se transforma y te lleva hasta una época moderna que no choca con el verso de la obra.

      Ante las actuaciones, excepto una, fueron impecables, debo agradecer a Tisbea que hiciera más llevadera su parte, pues es una de las más largas. Pepe Viyuela encarnó con firmeza y ternura a Catalinón, el cómplice incomprendido que finalmente queda sin amo ni pago.

      También merece un aplauso especial Raúl Prieto que consigue encarnar al verdadero Burlador, sin caer en la trampa del Tenorio de Zorrilla. Jamás escuché pronunciar tan naturalmente su famoso: «Tan largo me lo fiáis».

      No sabría qué destaca más en esta puesta en escena. El decorado es sencillo a veces, pero cuenta con una bonita escalera de mármol con columnas en los soportales, a la vez que la mayoría de escenas se representan si escenografía. La luz siempre en su justo momento y tiempo y las entradas limpias, incluso los accidentes son incorporados con movimientos naturales que incorporan al personaje. 

      El texto de Tirso (según dicen) no pierde peso, no resulta pesado pues no es recitado si no pronunciado, es decir, se nota que los actores comprenden el significado de lo que están diciendo y no se limitan a soltar unas frases y mover el brazo en el momento x, no, ellos hablan y se mueven de natural manera, como debe ser el teatro.

      Realmente son un ejemplo de profesionalidad sobre y fuera del escenario, no se merecen llevar meses sin cobrar su sueldo, máxime cuando el Inaem es una empresa pública y además te cobran las entradas religiosamente. Sólo puedo felicitarles por cada segundo que nos regalan y por vivir para la cultura, como siempre lo relacionado con el humanismo es lo que no se paga.

Muchas gracias a todos por vuestro amor al teatro.


domingo, 20 de mayo de 2018

El banquete


Durante un mes podemos encontrar esta genial obra en la programación del teatro de la comedia.

      Una obra hilada a través de los textos más emblemáticos del teatro, perfectamente hilados, nuevamente, de la mano de Álvaro Tato y dirigida por Helena Pimenta y Catherine Marnas.

      Lo canónico de sus textos se entrelaza con una puesta en escena completamente  moderna en la que el público vive la obra en el mismo espacio que sus personajes y brinda con cada propuesta que hacen sus anfitriones.

      No quiero desvelar nada más pues creo que si eres amante de los mejores dramaturgos de la historia (sí, toda la historia), disfrutarás con cada escena.

jueves, 1 de marzo de 2018

Una comedia Aquilana

Hace mucho que no veía una obra clásica tan poco conocida como esta. Y ha sido una verdadera pena la dirección tan lamentable con la que la han montado.

      Es de las pocas veces que te ríes más leyendo el texto que viéndolo en escena.

      Esta es una comedia muy ágil y ligera, bastante cortita que se hizo eterna.

      Pero como decidieron recrear el habla del siglo xvi sin saber cómo ni tener ni idea de cuáles eran los sonidos que se mantenían, sólo supieron pronunciar cada s y cada c/z como si fueran ch. ¡Espantoso! Fue absolutamente imposible concentrarse en un texto que parecía traducido a lo que se suele llamar habla de payaso.

      Por favor, si nos sabes pronunciar algo de hace 5 siglos, ¡no pasa nada!, simplemente no lo hagas. Y si quieres hacerlo ¡investiga! Pista: revolución de las sibilantes (manías filológicas).

      Otro fallo importante fue la mala o nula transición entre personajes que hacían los mismos actores, esto se marcaba sólo cambiando una corona por un frutero y un vestido más amplio. Trajes, todos, exactamente iguales (misma tela, obvio) que el telón de fondo que usaron.

      En fin, un desastre absoluto. De ahí, la importancia de mirar quién versiona y dirige, nombre apuntado. Nunca más. 

lunes, 19 de febrero de 2018

Relatos muertos


Relatos muertos debe tener este título porque no hay quien sobreviva a semejante horror.
Siempre me gusta tener en cuenta que no todo el mundo es García Márquez, ni Borges, pero que se han esforzado por escribir una historia con ilusión y atención a su lector, pero este libro es una auténtica estafa. Se nota a la legua que son ejercicios (mal hechos) de un curso o taller de escritura creativa.

      Ni uno solo de los personajes es coherente consigo mismo (¡ojo! No digo coherente con la realidad, sino con la construcción inicial que se hace de ellos. Obviamente porque no hay construcción inicial ni final).

      El autor lleva el pacto de complicidad del lector hasta límites más allá de lo respetuoso, no sabe manejar la elipsis ni la fragmentariedad.

      Los personajes femeninos están construidos sobre una base de misoginia que ni toda una vida de psicólogos puede curar.

      En fin, un desastre absoluto que no sólo no ha pasado una revisión, sino que no ha escuchado ningún tipo de consejo que le ayude a escribir medianamente bien, es decir, que al menos no cambie el tiempo verbal en la misma frase.

jueves, 8 de febrero de 2018

Donde los viejos robles



Estamos ante una novela a la que le falta bastante trabajo de revisión, la premisa es buena e interesante, pero cae en obviedades y lugares comunes harto conocidos en mitología y fantasía.

      Se lee con rapidez y curiosidad y la ambientación logra transportarte al universo romano, sin embargo, el universo celta queda cojo. Nada que no pueda solucionar el propio autor con la guía de un editor o lector experto, por lo que estoy esperando ver lo que puede hacer este escritor con las facilidades que se le ceden a otros escritores más conocidos.

      También me ha llamado la atención que no haya una corrección previa, ni revisión de maqueta, algo que se espera de Random House aunque sea un sello de autopublicación. Una verdadera lástima, ya que esto perjudica a la lectura de la historia.

      Es muy interesante la propuesta con ilustraciones que captan el tono de la narración y la imagen de la cubierta es llamativa, quizá para esta historia sería mejor que fuera a color.



Donde los viejos robles, firmada por Jorge de Juan Miñana y publicado en Caligrama Ediciones en papel y digital

lunes, 29 de enero de 2018

Crimen y telón



Este fin de semana he tenido la oportunidad de ir a ver Crimen y Telón de Ron Lalá. Ha sido un grato placer poder asistir a este original (en todos y los mejores sentidos).

      Una obra escrita por el grupo que no tiene ni un segundo desperdicio. Desde el principio asistimos a un nuevo teatro cargado de ciencia ficción y teatro clásico que no te permite distraerte ni un segundo.

      La puesta en escena es sencilla y fulminante y los focos de atención arrastran al espectador más desconfiado, consiguiendo que realmente no veas cuándo desaparece el cadáver.

      Si amas la poesía no podrás salir indiferente y no declararte verosadicta.
      
      Desde el texto, las actuaciones y cada técnico puedes presenciar del trabajo medido.

      Esta obra se construye bajo la premisa de que en el futuro las artes están prohibidas, pero teatro aún no ha sido capturado, hasta que ¡oh, sorpresa! Aparece su cadáver y el protagonista debe buscar al asesino, lo que le llevará en un viaje de flashbacks en los que vemos el inicio y evolución de teatro. Incluyendo el vocabulario técnico que suele desconocerse, lo que la hace una obra magnífica para llevar a curiosos y adolescentes que están en pleno estudio de Educación Literaria (sí, ahora lo llaman así).

      Al estar en primera fila tuve la oportunidad de ver cuidadosamente las expresiones de los actores que entraron concentrados y terminaron sin perder la concentración ni un segundo, algo que últimamente no sucede. Normalmente se nota que los actores entran en frío y hay veces que pierden el hilo. Ron Lalá, no. Ellos entraron en el punto álgido y no lo soltaron hasta que llegaron los aplausos. Algo que beneficia sin duda a un espectáculo como el que presentan cargado de literatura, poesía, citas y ¡música! Sí, también hay música en directo y gags que han podido hacer que algunos los comparen con Les Luthiers, grupo del que me declaro fan desde la infancia, pero Ron Lalá no los imitan, crean su propio concepto de teatro que comienza con los programas de mano y terminan con la compra (opcional, claro) del libreto en el que puedes encontrar el final de esta obra metateatral.

      Definitivamente son un grupo al que seguir de cerca desde el entretenimiento y el intelecto. Apto para todos los públicos con una dosis de despiertaneuronas y crítica social intachable.

Sí, yo también me declaro versoadicta.